Inventar El Hueso (tres poemas) - Olalla Castro
Si en el poema digo yo,
hay quien cree que he mordido el anzuelo.
Que olí la miel
y acabé con las patas pegajosas,
en el fondo del tarro.
Que a lo largo del corredor
hay ventanas abiertas
y he venido hasta aquí para asomarme.
Nadie señala el cerco que levanto,
lo lejos que consigo
quedarme de las cosas.
Nadie quiere decir que decir yo
es vestir este cuerpo que no existe:
excavar una zanja
desde la que poder, al tiempo,
huir y dispararme.
***
ESTOS DEDOS QUE BAILAN
Nosotras,
en el patio de atrás
de una casa muy grande,
oreando el rencor con las brazos en alto
y el dolor de los siglos en los hombros.
Nosotras,
estirando este rencor tan blanco,
dejando
que todo el sol del mundo lo atraviese.
Nosotras,
vigilando el fuego de otros,
cocinando los huesos de otros
para hacer esta sopa
que a otros servirá de alimento.
¿Y qué tenemos nuestro,
más allá de estos dedos
que bailan alrededor
del cuello de las bestias,
de estos dedos que matan
con un movimiento rápido, preciso,
y cocinan lo muerto
para dar de comer a una estirpe maldita?
Nosotras
y el rencor que se extiende
en los patios traseros de las casas.
Nosotras:
¿para cuándo otras manos,
otra
historia, otra estirpe?
***
LO QUE SE ESCURRE
ES EL POEMA
Escribo
como
quien se sacude una mosca.
Como
si la piel no guardase
el
recuerdo de la astilla
y
todo se acabara al extraerla.
Como
si bajo las uñas
no
quedara este surco pequeño
y
el dolor no tuviera siempre un eco.
Todo
lo que se escurre,
húmedo
como la boca
del
pez en el anzuelo,
es
el poema.
Esto
que, justo cuando está
a
punto de morir,
colea
con más rabia.
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