Alunando

Esnobismo y vulgaridad

Tratar de construir con este nervio furtivo una habitación donde entren los arboles, despeine el sol y duerma una nube.

"Y os daré un poema lleno de corazón en el cual me despedazaré por todo lado"

" ¿Qué es arte?

- Nada que no pueda hacer un carnicero-"

domingo, 22 de octubre de 2017

Naturaleza Muerta

Desde: New-Spleen


Hace veintidós años entendí al fin el propósito último de mi vida. Leí en su totalidad la Nacar-Colunga y cuando terminé la última frase “La gracia del señor Jesús este con todos los santos, amén”, lo vi claramente,  necesitaba comprar una Wistar albina con problemas de crecimiento, cuyo peso y talla fueran muy inferiores a la media para su especie. Yo caminaba por el costado derecho de la vía y el cielo estaba lleno de nubes que tenían el mismo color, exactamente el mismo color que el costado de un edificio nuevo en esa calle. Viéndolo de lejos me pareció increíble que un edificio tan alto pudiera camuflarse así, es decir, que se hubiera logrado cubrir una superficie tan amplia con  un color tan complicado de replicar, y sentí que todo naturalmente se trataba de la necesidad arquitectónica de ocultar un error muy grande, un edificio de bases inestables construido sobre arcillas altamente deformables del subsuelo. Al cruzar la calle vi que el edificio había comenzado a hundirse  en el pavimento. Estuve pensando a qué velocidad increíblemente lenta debía haber comenzado todo ese hormigón a mover la tierra bajo de sí con su peso de diez pisos de departamentos sin vigilante pero con doble cerrojo en cada puerta de entrada a los garajes, mientras el suelo a su alrededor comenzaba a fracturarse literalmente y el concreto se separaba en una línea muy fina que rodeaba el edificio como una falla geológica. Cuando lo vi, entendí que debía ir inmediatamente a una tienda de mascotas, así que caminé en línea recta junto a la fractura del suelo, es decir paralela a esta especie de surco que no era para nada perfecto pero si muy delgado, y un par de casas adelante me paré en silencio frente a unos ventanales de tamaño promedio a través de los cuales se veían unos cristalitos más pequeños que conformaban unas cajas transparentes en las que yo esperaba que hubiesen varios, o ya directamente bastantes ratones muy pequeños revolcándose en los montones de delgadas láminas enroscadas de madera, y cuando no vi ningún animal a través de los cristales, sino que me vi a mi misma parada ahí en silencio, no me gustó mucho, de modo que preferí entrar a la tienda de mascotas diciendo hola, y el dependiente de la tienda me miró fijamente como si yo estuviera haciendo una ponencia sobre la noción de poder en Foucault y la implicación directa de esa idea sobre los discursos acerca de las dificultades para establecer un salario igualitario entre géneros, no directamente sexos, noción que tiraba por los nuevos suelos ex-acuíferos toda la diferenciación entre hombres y mujeres que creíamos que existía tan sagrada y binariamente. Entonces el dependiente seguía viéndome y se tocaba la barbilla con interés, de modo que yo comencé a mover la pierna derecha como si estuviera impaciente hasta que por fin cedió y se agachó por debajo del mostrador. Al subir me dio una cajita de cartón sellada y me dijo, vete por favor y gracias por tu compra, y yo tomé la cajita y le dije, bueno pero no te he dado un solo centavo, y él dijo gracias por tu compra, y yo dije, no tengo dinero ahora, y él dijo gracias por tu compra, y yo dije, quizá puedo pasar en un rato pero no estoy segura de que eso vaya a ocurrir, y él dijo gracias por tu compra, ya vete por favor, y yo dije, no es una compra a menos de que exista un intercambio monetario real, y él dijo, está bien, y me dio un billete nuevo con la cara de Carlos Lleras Restrepo, y yo dije, creo que no es suficiente, y él sacó de su bolsillo otro billete idéntico y me lo entregó, y yo le dije, ahora es seguro que hemos concretado este negocio, y él dijo gracias por tu compra, y yo dije gracias a ti. Me llevé la cajita y caminé hasta mi casa sin abrirla, y le puse al ratón mi nombre y se lo susurré muy despacio a través de las fibras de papel entretejidas, una capa sobre la otra sin ningún cuidado hasta formar la fuerte mezcla de fibra de pino y papel reciclado y en la habitación puse una jaula de pájaros colgando del techo, como si fuera una casa de té en Beijing antes de la llegada de los comunistas, y me las arreglé para meter la pequeña caja ahí dentro, y de pie a una distancia de un metro por lo menos me acomodé para observar un momento al ratón. La caja no tenía agujeritos para que pudiera respirar, las virutas no crujían entrechocando dentro y por eso no sonaba nada, creía que el ratón dormía y prendí un cigarrillo para ponérmelo en la boca mientras me quitaba la chaqueta, apreté el nudo de los cordones de mis zapatos y decidí que lo mejor era limpiar el sitio, entonces saqué de la habitación la cama, el escritorio, el armario y la mesa de noche, puse todo eso en el pasillo, y después traje lejía y alcanfor y estuve toda la noche tallando los espacios entre una baldosa y otra, de rodillas, con los ojos cerrados como un perro ciego que se arrastra oliendo a su amo de un lado al otro de la habitación, y luego de tres o cuatro horas ya me dolía la piel de las manos, mis rodillas tibias y rosadas se comportaban muy temblorosas por la posición que había tenido que adoptar en la vida, finalmente cuando terminé de tallar agarré varios pañuelos Hermès de última temporada con grabados orientales en dos colores y sequé todo lo que hacía falta, y tiré los pañuelos a la basura y mientras estaba afuera de la habitación me quité los zapatos porque ahora el sitio era prácticamente un Tatami sin virtud aparente solo por estar a nivel del suelo, es decir, por ser el suelo mismo, sin embargo, tan limpio, y tibio  a pesar de todo porque para cuando terminé eran las tres de la tarde del día siguiente y todo estaba iluminado, y el sol calentaba las baldosas. Mientras estuve afuera me di una ducha y luego me puse la ropa más cómoda que encontré, una sudadera gris, y unas medias blancas nuevas, y una camiseta esqueleto también blanca y 100%  cotton. Entré con el cabello húmedo, los calcetines blancos y relucientes y me puse de pie frente a la jaulita otra vez a un metro de distancia y comencé a mirar al ratón que seguía dentro de la caja sin hacer ruido, y entonces me di cuenta que era un animalito tan silencioso casi como yo y además tenía mi nombre, y creo que por eso comencé a llorar, y prendí otro cigarrillo mientras la luz del sol entraba por las ventanas y atravesaba linealmente los espacios entre un trozo de persiana y el otro, entre un trozo de aluminio de la persiana veneciana y el otro, y mis piernas parecían algo especial cuidadosamente puesto allí como parte de este momento hecho para que el ratón pudiera sentirse tranquilo mientras dormía dentro de la caja. Me quedé mirándolo muy seriamente, muy seriamente de verdad, sintiendo que era un momento único entre nosotros, y cuando terminé de fumar, puse la colilla en un cenicero de cristal que me recordaba las ventanas de la tienda de mascotas, y aplasté la colilla despacio y con mucha fuerza sobre el cenicero sin quitarle la mirada de encima al ratón, sintiendo que mi vida y la suya eran un evento fílmico de baja categoría, pero en el que mi papel era representado por Philip Seymour Hoffman al igual que el del ratón, y mientras todavía las lágrimas me escurrían por la cara,  le dije, tú y yo sabíamos de qué se trataba esto, tú y yo lo sabíamos, y me sentí después con la obligación moral de explicárselo, te compré porque te odio, le dije, te odio de verdad, de un modo tan miserable que inclusive me siento culpable, me parece que eres el peor trato que haya hecho en la vida, y creo que eres penosamente inferior, no creo nunca que puedas procrear ni crecer ni amar ni entender nada, pienso que eres inútil y no quisiera tener que verte nunca más. Dentro de la caja no había ningún ruido. Pero lo único que tengo en la vida, seguí, es esta habitación impecable en la que debo pasar los próximos diez o quince años, y ahora como la habitación está vacía, solo estás tú, ¿entiendes lo que significa? eres lo único que tengo en el mundo, lo único que tengo en este mundo eres tú, y te odio, te odio tanto, pero vamos a tener que aprender a lidiar con eso porque siento que luego de haber tomado esta decisión y a pesar de las promesas de la Nacar-Colunga, además de esta unión perfecta en el mundo ya no hay nada. 

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